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  • General

  • 1 BONDAD

    “Maestro, ¿qué es lo bueno?”; o “Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno…?; o también: “Maestro bueno, ¿qué he de hacer…?” Suena a Mt 19,16. Resulta muy difícil definir cómo es la Bondad. En este mundo, para la época actual, tal vez habría que emprender su búsqueda desde la Verdad y la Sinceridad. Éstas se vuelven imprescindibles para establecer una primera confianza. Entablamos las relaciones humanas con gran cautela, pues sabemos que el engaño o, simplemente, la conveniencia están muy extendidos. Sólo en el bien descansa nuestro corazón. Y cuando éste encuentra bondad sabe que está siendo acogido como peregrino de la vida.

     

    Carl Ludwig "Luz" Long fue el atleta alemán que ayudó a Jesse Owens a conseguir uno de sus oros olímpicos. Owens había fallado dos veces en una ronda clasificatoria de salto de longitud. Aquel histórico 4 de agosto de 1936, Long aconsejó al saltador norteamericano que retrasase un poco su marca para asegurar que no pisaría el límite, porque le estaba penalizando esa reiterada falta; el alemán había visto el potencial de Owens y calculó que le sobraría para clasificarse. El siguiente salto de Jesse Owens fue un éxito y le catapultó hacia el oro olímpico. Long obtuvo la medalla de plata. La inicial rivalidad abrió paso a un profundo reconocimiento y una sincera amistad entre ambos deportistas.


    • 2. COMUNICACIÓN

      “De la abundancia del corazón habla la boca” (Mt 12,34)

      El fluir comunicativo es condición para una adecuada acogida. Las relaciones se establecen en un adecuado clima de diálogo que ha de ser establecido en igualdad de condiciones. Sin conductas preestablecidas. Sin abandonar o disimular la propia esencia. Sin avasallar. La lengua es uno de los vehículos mejores para la comunicación aunque es verdad que existe también una comunicación no verbal que posee un gran valor. Como la que da el testimonio, los hechos, la conducta honrada y coherente. En muchas ocasiones las palabras se las lleva el viento y quedan los hechos. De ahí la importancia de que éstos nazcan de las convicciones más profundas y sirvan para transmitir la bondad del corazón.

      Contaba un universitario extranjero que durante una clase (aún no sabía español al 100%) terminó unos ejercicios junto a varios de sus compañeros y se lo dijo al profesor: «Somos listos.» El profesor, comprendiendo la “vacilación linguüística” respondió: «¡Qué bien! ¿Y estáis listos también?».


      • 3. TECHO DE ACOGIDA

        “Levantaron la techumbre por el sitio en donde se encontraba y, después de hacer un agujero, descuelgan la camilla en la que yacía el paralítico” (Mc 2,4)

         Uno de los mayores desconciertos del ser humano actual es la posibilidad de encontrarse sin techo donde cobijarse y, por extensión, la posibilidad de tener un hogar. Puede que alguien haya tenido que abrirse paso solo en la vida o pase por una etapa de “aventura” en un momento “nómada” de su existencia por cuestiones de trabajo, de una ruptura matrimonial o deseo de soledad… aun así, un techo garantiza reposo, guarecerse, reponerse, avituallarse… evitar caminar “a tumbos”, de un lado para otro sin una referencia clara ni una pequeña seguridad por si llueve o si se cierran las puertas de la sociedad. Al peregrino le gusta buscar estrellas y recrearse en su contemplación; orientarse por ellas; pero también sabe que el cielo se nubla inesperadamente y por eso valora sobremanera la importancia de un techo bajo el que cobijarse. Y, mejor, un techo con el alma de unos buenos anfitriones.

        La dura infancia del jugador de la NBA Taurean Prince fue muy dura. Con 12 años vivía con su padre. Tras el divorcio con su madre se había metido en problemas e, incluso, había pasado por la cárcel. Pero Taurean quiso que no viviese solo. Un día su padre le anunció que, aunque trabajaba seis días a la semana, no ingresaba el dinero suficiente y tal vez perderían su casa. Era la casa de su abuela, pero tras haber fallecido ella, no eran capaces de sostener sus gastos. Fueron al Ejército de Salvación, quienes les facilitaron una habitación, sin televisión, ni muebles, ni nada. Pero sintiéndose muy afortunados por no quedarse en la calle, completamente desamparados. Prince compartió baño con otras 15 personas. El acceso se cerraba a las 10 de la noche, con lo cual Prince debía llegar antes de esa hora, tuviese entrenamiento o no. Si el baloncesto lo retrasaba, su padre le esperaba fuera. Así, pedían que les dejasen entrar a los dos juntos. A veces funcionaba y a veces no. En ese caso no tenían techo para pasar la noche y si no conseguían que algún amigo les alojase en su casa, sólo podían quedarse en la calle.


        • 4. ESCUCHA

          “Bienaventurados más bien los que escuchan la palabra de Dios y la guardan” (Lc 11,28)

          La sociedad habla demasiado. Aunque diga cosas buenas y muy interesantes, el barullo de tanta variedad junta de mensajes puede convertirse en un barullo insoportable y provocar e anonimato de las inquietudes que un peregrino lleva dentro, deseando desahogarlas y compartirlas para dibujar el mapa de su propia vida y orientarse. También busca luz y brújula para sus propios pasos. Por eso el fenómeno de la acogida no estará completo sin alguien que escuche. Alguien capaz de atender con interés profundo. Alguien que no trate con el “peregrino número tal”, sino que se situará ante una tierra sagrada donde Dios quiere habitar. Cuando quien acoge escucha así, aprende mucho; no adoctrina; acompaña; aporta su experiencia, su humildad, su propiedad alquilada y su misión “receptora”. Sin forzar. Sin prejuicios. Porque es instrumento de un Padre que le encarga al hijo el cuidado de un hermano.

          La hija de un matrimonio (9-10 años) salió corriendo del colegio y abrazó a su padre: “Papi, papi ¿sabes qué? Los papás de mis amiguitos no los escuchan cuando éstos les hablan”. Lo decía como si hubiese hecho un gran descubrimiento, aunque decepcionante para su inocencia. Su padre trató de explicarle las dificultades de muchos padres y madres en su diario acontecer y la hija lo comprendió, a su infantil manera, agradecida por encontrar en su padre a un gran interlocutor. Éste lo comentó con otras familias del colegio: “mirad, lo que para mi hija es un acontecimiento extraño, ya lo he observado yo hace mucho tiempo.” Después de aquella reflexión, una madre de la Asociación de Padres de Alumnos proyectó una actividad que resultó un éxito para sensibilizar a todos. La meta era fomentar la escucha a los hijos. Se trataba de una representación teatral titulada “Pago por tu tiempo”. En ella, una enfermera introducía a una niña en la consulta de un médico que era su padre. Éste protestaba: “¿Qué haces aquí? ¡No tengo tiempo! ¿No ves que estoy trabajando? La hija respondía que había ahorrado el dinero de su paga para costear una consulta. Venía como paciente para ver si así su padre la escuchaba: “en casa siempre me dices que estás muy cansado”. Al final, el doctor abrazaba, avergonzado, a su pequeña, atendiéndola como algo más que una paciente; escuchándola sin obstáculo alguno.

          • 5. RESPETO

            “Todo lo que queráis que hagan los hombres con vosotros, hacedlo también vosotros con ellos” (Mt 7,12)

            Cada uno tiene unas características propias. Una historia irrepetible. Unas circunstancias y unas personas que le rodean que acaban por moldear su libertad. Luego él aportará su decisión y su empuje únicos. Y elegirá. El respeto por la peculiaridad de cada persona como criatura “original” y amada por Dios intensa y particularmente, constituye una de las características de la delicadeza de quien acoge. Valorar quién es el peregrino; aquello por lo que pasó; la libertad que le ha sido concedida y sobre la que nadie más tiene poder de coacción; la capacidad de verlo y tratarle como a un igual o, incluso, como alguien a quien servir, imitando ese misterioso abajamiento de Cristo cuya pasión dominante consiste en dar la vida por sus hermanos más pequeños.

             

             Un hombre estaba poniendo flores en la tumba de su difunta esposa. En un sepulcro cercano, otro hombre (de nacionalidad china) depositaba un plato con arroz. Asombrado le preguntó al oriental: “¿De verdad cree que la persona difunta va a venir a comerse el plato de arroz?” “Por supuesto”, respondió el chino , “cuando su familiar difunta venga a oler las flores con las que usted le obsequia”.

             


            • 6. ALTRUISMO

              “Quien entre vosotros quiera llega a ser grande, sea vuestro servidor” (Mt 20, 26)

              En muchas relaciones humanas, especialmente en el ámbito de la convivencia, las leyes y la justicia humana, se exige una reciprocidad como condición para el respeto y la aportación al bien común. Quien acoge, en cambio, sabe que ha de ir un paso más allá con las personas en peregrinación, con esos huéspedes especiales. No se puede pedir que devuelvan todo lo invertido en ellos. Que el peregrino actúe en igualdad de condiciones con quien le acoge. No es lo mismo estar de paso; no es lo mismo vivir de prestado… Las personas encargadas de la acogida saben cuál es su misión: han recibido el don de custodiar una posada, de la que tampoco son dueños ni caseros absolutos. Con ellos han sido generosos, ellos así han de serlo también con los demás. Ahí se juega parte de su testimonio. No son juguetes a merced de los caprichos de los peregrinos pero no buscan una compensación por su abnegada tarea.

                Su nombre es Oleg. Se trata de un ciudadano ucraniano. Durante el siglo pasado, su tierra ha sido golpeada con fuerza en la Segunda Guerra Mundial. En 2014 se desató en la región un nuevo conflicto armado que trajo muerte y destrucción. Fue entonces cuando este “superhéroe” estableció un hogar seguro para las personas mayores que habían quedado aisladas por la guerra. Consciente de la indefensión de estos ancianos, Oleg dejó su trabajo y cruzaba la línea del frente arriesgando su propia vida en busca de alimentos y material de primera necesidad. Hubo de cargar en sus propias espaldas con los más impedidos para sacarlos de los lugares más peligrosos donde habían quedado aislados. Algunos le decían que estaba loco, que no debería hacer algo así. Pero él siempre respondía: “¿Y cómo podría dormir por la noche?”. Ante gente vulnerable que lo había perdido todo y que se convertían en refugiados, Oleg supo comprometerse de un modo muy profundo.

              • 7. ACOMPAÑAMIENTO

                “También vosotros debéis lavaros los pies unos a otros” (Jn 13,14)

                Muchos peregrinos viajan con heridas; otros buscan respuestas y dirección para la ruta que han emprendido en su vida. Tanto si han de reparar su salud, como si han de recibir un consejo, alguien ha de atender a sus preocupaciones. Incluso ha de haber dispuesta una acogida que les provoque y les haga caer en la cuenta de que no se trata sólo de caminar sin rumbo. Si quieren una pequeña planificación, el esbozo de un mapa o una mano amiga para cerrar bien la mochila después de aligerar su peso, la acogida debe funcionar. Y para este trabajo hace falta tiempo, antes que ninguna otra cosa. Quien acoge no puede enredar con lo superfluo y olvidar el corazón de los que Dios le ha traído. Buscará compartir los momentos, hacerse presente, dejar que la gracia que vive en su alma se derrame como por ósmosis a su alrededor y “contamine” con bendiciones a sus recién llegados peregrinos. Algo que no se olvida fácilmente.

                 

                Esther Azorit trabajó desde Sevilla para la ONG Solidarios en un programa de acompañamiento para personas mayores durante el confinamiento en tiempos de covid-19. Nunca había ejercido un voluntariado como este. Alrededor de las seis de la tarde, durante el momento más fuerte de la pandemia, Esther llamaba a Rosario Caballero, “Marichu”, una mujer que esperaba al teléfono como quien aguarda la llegada de un ángel de la guarda. Marichu tenía 82 años por aquel entonces y un puñado de soledad dispuesta a “devorarla”. La ONG las puso en contacto y enseguida comenzaron a conversar como buenas amigas. Preocupaciones, desahogos, tiempo juntas…  "Hay veces que le pides cosas a Dios y no te las concede y, de repente, te pone en tu vida a alguien como Esther", decía Maruchi, agradecida con tan buena compañía.

                 


                • 8.- Compromiso

                   “Permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.” (Jn 15,10)

                   

                           Nadie puede imponer su presencia y su persona a los demás. Pero sí puede haber un ofrecimiento sincero y generoso. Sin avasallar pero con humilde interpelación. El que acoge tiene la experiencia en propia carne o por haber atendido a otros peregrinos de que éstos necesitan seguridades. No sirve una recepción “pusilánime” que no garantiza la tranquilidad del refugio. Cuando los “caminantes” encuentran a alguien capaz de un pacto de amor y de servicio, saben que allí estarán seguros. Se saben importantes, reforzados en su autoestima para continuar viaje al poco tiempo. Defendidos y a salvo mientras estén allí. Y querrán copiar ese “pacto”, esa “alianza” que refuerza los lazos entre quienes algún día fueron hijos de un mismo Padre y pronto volverán a serlo de nuevo.

                           Cierto día, entró un joven en una joyería y pidió un anillo de compromiso. “Deme el mejor que tengan”, encargó. El dependiente llegó con una hermosa pieza austera en las formas, discreta, pero de gran trabajo y valor. El muchacho sonrió satisfecho al contemplarlo y, tras preguntar el precio, se disponía ya a pagarlo. “¿Se casará usted pronto con la afortunada?”, preguntó el vendedor. “No”, respondió el joven. “Ni siquiera tengo novia. El anillo es para mi madre. Cuando yo iba a nacer estuvo sola. Alguien le aconsejó que debía deshacerse de mí y así se ahorraría muchos problemas. Pero ella se negó, permitiéndome el regalo de la vida. Y, ciertamente, hubo de enfrentarse a muchísimos problemas. Para mí lo fue todo: madre, padre, hermana, amiga, maestra… En cuanto he podido he querido hacerle este regalo. Ella nunca recibió un anillo de compromiso. Quiero dárselo porque si ella hizo todo por mí, deseo que sepa que yo haré todo por ella. Tal vez después me toque a mí comprar otro anillo de compromiso… aunque sería el segundo.”


                  • 9. Explicar

                    “Pero a solas, explicaba todo a sus discípulos” (Mc 4,34)

                     

                             La comunicación pedagógica es otra cualidad de la persona acogedora que ha de poner en práctica con los peregrinos que se le han confiado. Quienes van llegando por el Camino de la vida no tienen por qué saberlo todo. Tal vez no hayan visto aún la “luz”. Es aquí donde el “don de la palabra” cobra una gran importancia. Además de un esfuerzo por hablar lenguas nuevas y conectar con el propio idioma de cada uno, el lenguaje de los corazones comunica. Así como estamos hechos de un porcentaje enorme de agua y ello nos es común, todos estamos configurados para el Amor. Y esto es lo que permite comunicarnos. Si hay amor, las personas se entienden. De lo contrario no existe más que confusión. La riqueza enorme que Dios nos ha dado para que le encontremos en cada lugar de acogida debe ser explicada y puesta a disposición.

                             El maestro José Antonio Fernández Bravo cuenta en algunas de sus conferencias una anécdota de su época docente. Una vez entró en un aula y les dibujó a los niños pequeños un rectángulo. Y los niños le dijeron “te faltan los ojos, y la nariz, y la boca…” y le cantaron una coplilla “el rectángulo tiene ojos, el rectángulo tiene nariz, el rectángulo es feliz…” Se la había enseñado otra “profe”. Fernández Bravo podía haberles dicho a los alumnos que esa otra profesora estaba equivocada (los rectángulos no tienen ojos, ni orejas, etc….) que “rectángulo” es una palabra que identifica a una forma; que la forma es una propiedad de los objetos, etc. Pero optó por otra vía. La de reconocer el buen trabajo de aquella maestra. Y se aprendió la canción que sabían los niños. Al día siguiente fue él quien les propuso una nueva canción. Al preguntarle a los alumnos si querían aprenderse su canción, todos dijeron que sí, por el gesto de él haberse aprendido primero la de ellos. Fernández Bravo es más partidario de “aprender a saber” que de “aprender a aprender”. “Es importante que a través del rectángulo los alumnos sean más listos y mejores personas”.

                            


                    • 10. Integración

                       “Quien recibe al que yo envíe a mí me recibe” (Jn 13,20)

                       

                               Cuando se llega a un lugar nuevo, sea de modo definitivo o sea de paso hacia la meta, para que funcione la acogida, el peregrino debe sentirse integrado. No es un extraño. De hecho, es como de la familia. Esta es la clave. No necesita una atención con características diferentes, como la que se le daría a un “bicho raro” o a un personaje pintoresco. “Uno de los nuestros” es quien ha venido de parte del Señor. “Uno de los nuestros” ha de sentir dentro de sí el peregrino respecto a quienes les reciben en su tierra, en su casa, en su hogar. Pensaremos, decidiremos y actuaremos como un solo cuerpo, no como dos “clases sociales” o dos vías de tren que nunca llegan a juntarse.

                               Un grupo de militares de Ecuador “Héroes del Cenepa” han pasado a un estado que se denomina “servicio pasivo” (algo así como lo que se denominó en España “reserva transitoria”). Han ideado un sistema de olimpiadas internas en las que llevan a cabo varios tipos de competiciones deportivas (fútbol, vóley, baloncesto, etc.). Se sienten muy orgullosos de ello porque pueden estar juntos de un modo nuevo. Debido a sus destinos profesionales han ejercido su profesión en cualquier parte del país e, incluso, en el extranjero, con lo cual el tiempo que han dedicado a sus familias ha sido escaso y de calidad deficiente, por lo general. Su familia ha sufrido cambios de domicilio, emergencias, tensión ante peligros diversos… Por eso los campeonatos deportivos que organiza esta asociación, refuerzan los lazos entre los militares y sus familias y entre los propios compañeros del ejército desde un clima de diversión, distendidamente, donde todos pueden ejercer la solidaridad y el trabajo en equipo. Ellos mismos se sorprenden de la respuesta tan exitosa a estas convocatorias. Las dificultades de edad, movilidad o salud no constituyen un impedimento, pues todos acaban encajando en alguna de las tareas que se llevan a cabo.  

                      • 11. Descanso

                        “Encontraréis descanso para vuestras almas: porque mi yugo es suave y mi carga ligera” (Mt 11,29-30)

                         

                                 El cuerpo y el alma necesitan descansar. Se nos ha metido en la cabeza que necesitamos ir corriendo a todas partes, hacer rápido las cosas y con gran eficacia para que podamos llegar a muchos frentes y poder luego… ¡descansar! Pero esto parece un ideal eterno que no alcanzamos nunca. Siempre hay un montón de cosas que hacer y los individuos de esta sociedad viven estresados. Cambiar de actividad; bajar el ritmo; alejarse de las pantallas y los teléfonos durante espacios reponedores; dosis de silencio… Los rincones salvajes de la naturaleza que han logrado esquivar el asalto de la acción del ser humano le recuerdan a él mismo que hay otra vida. Una más acompasada con los designios del Creador. Una que no fomenta tanto la ambición, sino la espera hacia la patria definitiva. ¡Bendito el lugar que permite al peregrino descansar y reponerse de la dura fatiga para acometer de nuevo su andadura!

                                 Un grupo de turistas norteamericanos recorría un encantador rincón marinero de la costa gallega. Entonces uno de ellos ve a uno de esos “lobos de mar” tirado a la sombra de un barco en dique seco. Se le acerca y le pregunta:

                        - Hola amigo, ¿cómo estar tú?.

                        - Muy bien jefe, aquí descansando.

                        - Dígame, ¿por qué usted no trabajar más en la pesca?.

                        - ¿Y para qué?.

                        - Para tener grandes capturas y vender más.

                        - ¿Y para qué?.

                        - Así tú poder ganar más dinero y comprar barco grande.

                        - ¿Y para qué?.

                        - Con el barco poder salir más lejos a pescar más cantidad de peces y venderlos para ganar más dinero.

                        - ¿Y para qué?

                        - Para tener una casa bonito y vivir tranquilo y descansar.

                        - ¿Y qué estoy haciendo?

                        • 12. Alegría

                          “El amigo del esposo, el que está presente y le oye, se alegra mucho con la voz del esposo” (Jn 3,29)

                           

                                   Si el peregrino logra una acogida en condiciones, su cabeza se ve libre de grandes preocupaciones. Rima y todo. Porque las facilidades que recibe no le ahorran las etapas que le quedan. También sabe que no podrá quedarse en ese lugar para siempre, aunque vuelquen en él un trato exquisito o las mejores viandas. Cuando hay una sincera atención que nace del amor y no posee intereses egoístas, eso se nota. Se traduce en una apertura limpia del corazón acogedor que encuentra otros corazones agradecidos. Y de ahí brota la alegría. Y si el peregrino sabe apreciar el trasfondo cristiano de la acogida se siente conectado con Aquel que constituye su Meta. Existe una fraternidad universal que el espíritu humano desea con todas sus fuerzas. Porque somos hijos de un mismo Padre. Si esto es cierto, somos llevados en volandas, confiando en quien se empeña más que nosotros mismos en nuestra propia felicidad.

                                      El fiel escudero Sancho Panza aconseja a D. Quijote, que cabalga ensimismado en su desdicha por el encantamiento de su señora Dulcinea, transformada en aldeana:

                          “Estos pensamientos le llevaban tan fuera de sí que sin sentirlo soltó las riendas a Rocinante, el cual, sintiendo la libertad que se le daba, a cada paso se detenía a pacer la verde yerba de que aquellos campos abundaban. De su embelesamiento le volvió Sancho Panza diciéndole:

                          “Señor, las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres, pero si los hombres las sienten demasiado, se vuelven bestias: vuestra merced se reporte, y vuelva en sí, y coja las riendas a Rocinante, y avive y despierte, y muéstrese como los caballeros andantes. ¿Qué diablos es esto? ¿Qué decaimiento es éste? ¿Estamos aquí o en Francia?”.

                          (Cap. XI 2º Parte de El Quijote)


                          • 13. Compartir

                            “Dad y se os dará” (Lc 6,38)

                             

                                     Dicen que los mejores acogedores no son los “gestores” capaces de dotar al peregrino de cuanto necesite durante su estancia. Existe alguien mejor: quien ofrece lo propio de uno, sin necesidad de gastar mucho o devanarse los sesos consiguiendo cosas, gentes, rutas… Un aspecto muy concreto del “compartir” más “sabroso” que existe es el intercambio de los propios sentimientos. Algo que parece lo más personal e íntimo a la persona, puesto en común produce la “chispa” que enciende un encuentro. Claro que hace falta saber con quién compartimos algo así, para no quedar expuestos a la burla o al aprovechamiento de gentes sin escrúpulos. Quien acoge, sabe que un sentimiento recibido por parte de un peregrino le sitúa en un terreno altamente sagrado. Y lo cuida.

                            Una tarde, un hombre se acercó a la Casa de las Misioneras de la Caridad y les expuso el caso de una familia hindú de ocho hijos. No habían comido desde hacía ya varios días. Nos pedía que hiciéramos algo por ellos. La Madre Teresa de Calcuta tomó algo de arroz y fue a verlos. Los ojos de los niños brillaban a causa del hambre. La madre de los muchachos tomó el arroz, lo dividió en dos partes y salió. Madre Teresa, extrañada le preguntó a su regreso: “¿Qué ha hecho usted con la mitad del arroz?” La señora respondió: «Ellos también tienen hambre». Sabía que los vecinos de la puerta de al lado, musulmanes, tenían hambre. ¡Qué preocupación por los demás! Cuando se sufre o se padece una grave necesidad no se suele pensar en los demás. Por eso esta madre de familia fue tan especial. Había tenido el valor de amar y de dar a los demás; el valor de compartir. A la Madre Teresa le preguntaban con frecuencia cuándo terminaría el hambre en el mundo. Y ella respondía: “Cuando aprendamos a compartir”. Sostenía que cuanto más tenemos, menos damos; y cuanto menos tenemos, más podemos dar.


                            • 14. Alimento

                              “El que viene a mí no tendrá hambre” (Jn 6,35)

                               

                              “Al ser humano se le gana por el estómago”. Se trata de una idea muy antigua en todas las civilizaciones. Quienes han cerrado algún trato con una buena mesa de trasfondo, sabe que las cosas siempre son más fáciles allí. Porque la capacidad social del ser humano necesita expansionarse y aprovechar ese momento dulce de la creación que supone el arte del buen comer. ¡Ojalá en todas partes de la tierra se pudiese siquiera alimentarse bien! Pero una vez más el peregrino sabe que “no sólo de pan vive el hombre”. No desea comer los productos “arrojados” como quien los lleva al zoológico y los reparte entre aquellos exóticos animales. Desea el calor de un hogar que hace de la comida su mejor expresión de cariño acogedor. El propio Jesucristo enmarcó su despedida de esta tierra y su Eucaristía permanente en el marco de una Cena fraterna. El alimento repone el cuerpo; el amor que lo acompaña, cuida el alma con finura.

                              Una cocinera relataba que, a pesar de una temprana vocación, con cuatro años hubo de ser ingresada por negarse a comer. No encontraba motivación alguna para llevarse un bocado a la boca. Su madre inventaba todo tipo de “trucos” para que ella y otros dos hermanos se alimentasen bien: por ejemplo, disfrazar la verdura añadiéndole otros productos de sabores más apetecibles. Horas y horas discurriendo y cocinando. Un esfuerzo casi en vano… Un día, a los 12 años, vio cómo su madre llevaba a cabo una “actuación estelar”: coció una patata, judías y col. Se lo sirvió con elegancia maestra. De su plato salía un fotogénico humillo que logró embobar a esta hija. Luego lo aderezó con un chorrito de aceite, vinagre y sal. A la pequeña le pareció una auténtica belleza. Como colofón, metió en la boca el primer bocado y dijo con gran placer y felicidad: “¡¡umhhmm qué rico!! La cara de aquella madre no se le borró jamás a su hija.

                              Tras un momento de silencio, la niña le pidió permiso para probar aquel plato. Su madre estaba encantada en su interior ante semejante petición. Desde aquella prueba, la pequeña se convirtió en una gran chef, apasionada por la cocina. En la actualidad disfruta como pez en el agua entre fogones e invita, sin miedo, a la gente a su restaurante. Dice que esa tranquilidad contribuye al buen sabor de las cosas que cocina.